Por: Max Villareal
A mi distinguido amigo "el Perro", con el recuerdo de toda nuestra vida
Acuexcomac es un pueblo que con orgullo muestra en su alrededor un bosque de enormes ahuehuetes, bosque donde el Rey poeta Nezahualcóyotl, Tlatoani de Texcoco, disfrutaba como sitio de descanso. La población está muy cercana al famoso pueblo de Chiconcuac, tan cercana que desde este sitio se logra ver enhiesta la torre de la iglesia de San Miguel, joya colonial de estilo barroco del siglo XVIII y patrono de los artesanos en prendas tejidas que ha dado mucha fama nacional a la región.
El pueblo sirvió de cuna y vida en sus primeros años a Odilón, el primero de cinco hermanos, cuatro hombres y una mujer, hijos de un matrimonio muy humilde cuyo padre sostenía a su hogar sembrando la tierra en una parcela de su propiedad. Por problemas familiares producto de una herencia que debería repartirse entre todos los descendientes en línea directa del abuelo de la familia, por lo que al padre de Odilón, siendo segundo en la rama familiar, lo despojaron de su parcela dejándolo sin medios para trabajar el campo, recibiendo como compensación, una pequeña cantidad de dinero que le entregaron los familiares beneficiados.
Disgustado con todos sus parientes, abandonó el pueblo trasladándose a la gran ciudad rentando unos cuartos en una colonia proletaria recién fraccionada. Luego de instalarse y acarrear el mobiliario más indispensable del pueblo hacia su nuevo domicilio, buscó trabajo, con la suerte de ingresar como peón de mecánico en el mantenimiento del Sistemas de Transportes Eléctricos -los tranvías de la ciudad-, cuyos talleres se ubicaban en la colonia de Los Doctores, en una zona llamada "Indianilla", zona muy famosa, en cuyas anchas aceras que rodeaban las cuadras que conformaban el barrio, se instalaron una gran cantidad de puestos donde expendían unos caldos de gallina muy exquisitos y la clásica birria estilo Jalisco. En este sitio desde las ocho de la noche hasta el amanecer acudía a cenar la gente del pueblo y a terminar las parrandas, desde los humildes parroquianos que acudían al cabaretucho del barrio "El Tranvía" –nombre alusivo por los talleres-, hasta la encumbrada élite social y lo más granado de la gente del espectáculo y sus máximos exponentes artísticos, asiduos al "night club" –traducción por cabaretucho para la alta sociedad-, "El Waikiki", instalado en la primera cuadra del Paseo de
Posteriormente, ya cotizando en el sindicato de los obreros, recibió un préstamo de la agrupación para dar el enganche de un terreno ubicado en la misma colonia proletaria, mudándose en cuanto pudo levantar unos cuartos con material de demolición. Por lo que teniendo un escaso sueldo, el salario mínimo vigente que tanto en aquél tiempo como ahora, no alcanza a mantener a una familia y menos tan numerosa como la de Odilón, y además, los descuentos que le efectuaban por los préstamos obtenidos, la infancia de los cinco pequeños se desarrolló casi en la miseria.
Odilón, el primogénito de la familia siempre fue el consentido del padre. Le dispensó toda su atención, lo vistió siempre con más de lo indispensable; lo alentó a seguir estudiando la secundaria y la vocacional, deseando que aprendiera en una carrera técnica el oficio de electricidad en edificios domésticos e industriales que le serviría para ingresar a la empresa tranviaria donde él prestaba sus servicios; pero el hijo predilecto ni estudió ni trabajó, teniendo en mente otra concepción de la vida, no respondiendo a los esfuerzos de su padre. Los hermanos menores, al contrario de Odilón, al término de los estudios primarios se pusieron a trabajar para ayudar al sostenimiento de la familia.
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Apoyándose en los hermanos, Odilón encontró su modus vivendi. El segundo de ellos encontró trabajo como hojalatero automotriz, el tercero como oficial en herrería y el cuarto en mecánico especializado en frenos de auto. Sólo la mujer pudo continuar con muchos esfuerzos la carrera de enfermería. El padre, nuevamente con un préstamo solicitado al sindicato, le financió lo suficiente para montar un taller en el frente del terreno donde estaba su casa y que se encontraba baldío. Odilón se encargaba de conseguir el trabajo, ya fueran autos chocados o que requerían alguna reparación o puertas y ventanas para casas en construcción, tratando con los clientes que llegaban a solicitar el servicio que ofrecía su taller. Él compraba el material necesario, los hermanos realizaban el trabajo, cobraba el importe de lo contratado y les pagaba un sueldo semanario y conservaba para sí, la mayor parte de las ganancias. De esta manera desarrolló su vida de soltero en forma muy responsable que le permitió dado el mucho trabajo que consiguió y cumplió satisfactoriamente, pagar la deuda del padre, comprar los enseres necesarios para su madre que mucha falta le hacían en su hogar y ahorrar un poco de dinero, lo que le permitió vestirse muy bien y por su buena presencia, consideró que ya era tiempo de formar un hogar. Muy pronto consiguió que se realizaran sus deseos: conquistó a una joven recién llegada del estado de Aguascalientes y poco tiempo después, rentó y amuebló una vivienda cerca del taller y casa de sus padres; y se casó, iniciándose después del regreso de su viaje de luna de miel, su trágica vida de casado.
Su suerte cambió de inmediato ya que sus hermanos, poniéndose de acuerdo entre ellos, optaron por independizarse y ya no quisieron trabajar para él. Sin trabajo y sin recursos comenzó a escasear el dinero y su hogar se tambaleó porque la esposa le salió muy exigente: ella no estaba preparada para vivir con carencias económicas; ella quería que le cumpliera la vida que le había prometido. Pidiéndole un poco de paciencia se dispuso a buscar trabajo y la de malas lo perseguía tanto, que en el primer trabajo que consiguió hubo un recorte de personal y Odilón salio despedido. En el taller conseguía trabajo de herrería y no le pagaban. En una empresa obtuvo un puesto administrativo excelente y fue timado por un "paquero" al salir del banco, perdiendo el importe de la raya del personal. Su padre nuevamente lo apoyó restituyendo con un préstamo al sindicato y con la venta del equipo y herramienta del taller, el dinero perdido para evitar que lo encarcelaran por supuesto auto robo. En otra compañía lo asaltaron, lo golpearon y después de restablecerse de sus heridas, fue despedido. Esporádicamente conseguía un contrato, temporal, transitorio por veintiocho días, y no se lo renovaban. Odilón se sentía fracasado y derrotado y comentaba entre sus amigos que era tanta su mala suerte, que sólo le faltaba que lo meara un perro. Y vino lo que ya se esperaba: su esposa lo abandonó, ya no pudo esperarlo más al pedirle que dejaran el departamento para evitar que la lanzaran al deber muchos meses de renta. Con su ropa y algunos enseres, se fue a la casa de sus padres cargando un bebé de dos años y una niña de brazos. Odilón, a su casa, allí su padre le daba todo.
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La vida le siguió negando toda fortuna y además, acostumbrado a estar mantenido por el padre, dejó de esforzarse por buscar trabajo, gastando su tiempo en ir a buscar a la esposa y los niños; pero sin llevarle dinero, hasta que le llegó la noticia que lo hizo buscar empleo de la forma como fuera posible y en cualquier tipo de trabajo para poder reconquistar a la esposa y rehacer su hogar: Su mujer empezó a trabajar y se le cayó el mundo…fue su desesperación y fue más que si hubiera muerto…Los celos aparecieron irremediablemente; ya que desde la separación de su matrimonio, le cerraron la puerta del amor por la falta de dinero y para evitar que la familia creciera empeorando la situación, por lo cual, en sus noches de desvelo pensaba en la infidelidad de su esposa y que la perdería para siempre al ser pretendida por sus compañeros de trabajo, que le darían lo que él, por su mala suerte, no le podía entregar.
Consiguió trabajo en una herrería, trabajando muy duro para ahorrar algo de dinero y llevárselo a su esposa para congraciarse con ella. A la quincena siguiente, luego de cobrar su sueldo y como siempre quejándose de su mala fortuna, uno de sus compañeros de trabajo le recomendó que debería consultar a un brujo, de preferencia uno profesional, como los de Catemaco, para que le hicieran una limpia, le cambiara su suerte y pudiera recobrar a su esposa y rehacer su familia. No lo pensó dos veces, esa sería la solución a sus problemas; así que el sábado siguiente al día de pago, se presentó ante su esposa:
--Florencia, quiero que vayamos a Catemaco, al pueblo de los brujos para que me hagan una limpia y me quiten la mala suerte que me persigue. Acompáñame, por favor… ¿sí?
--No Odilón, yo trabajo y no puedo faltar; además, si pudiera ir ¿quién cuida a los niños?, de por sí mi madre no puede con ellos, sabes bien que aún tengo hermanos menores.
--Nos los llevamos, tú dices…
--¿Y la escuela de la niña? Tampoco puede faltar… No, no voy. Y en lugar de que gastes en el viaje, mejor déjame el dinero que bien lo necesitan los niños…
--¡Ándale! Sirve que el viaje lo realicemos como una segunda luna de miel, nos reconciliamos y cambiando mi suerte, volveremos a vivir juntos.
--¿Sí? Y de regreso… ¿Adónde me llevarás, a tu casa? ¡Ni loca! Mejor ve pensando en que me tendrás que firmar el divorcio, pues ya lo voy a tramitar. El jurídico del sindicato me va a apoyar. Tú ya no me interesas ni eres tan hombre como para mantener a tus hijos y tu suerte me importa un cacahuate. –A Odilón no le valieron las súplicas y los muchos ruegos y no le quedó otro remedio que partir solo, con mucha fe a que le cambiara la suerte, a la región de los brujos.
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--Usted tiene problemas con su esposa… De seguro, ¿lo ha abandonado?
--¡Sí señor!
--Lo más probable es que viva en casa de su madre, motivado por que no ha tenido trabajo seguro. ¿Estoy en lo correcto?
--¡Sí señor!
--Y no tiene trabajo por la mala suerte que lo ha acompañado. ¿Cierto?
--¡Sí señor!
--Por favor, desnúdese todo el torso y cúbrase con esta sábana. –Asombrado Odilón respondía las preguntas que le hacía el brujo, el mejor del pueblo, el que se hace llamar "El salto del Tigre" y mirándolo con mucho respeto y temor al saber de su situación, de su vida, sin conocerlo. Hizo lo indicado, se desnudó, se tapó y esperó que el brujo de espaldas a él, frente a una mesa llena de envases de vidrio de todos tamaños conteniendo pócimas de todo tipo y muchos colores, mezclara algunas de ellas llenando un recipiente mediano. Dio la vuelta acercándose a Odilón, puso su mano izquierda sobre la cabeza, con la derecha aferraba el envase y rezando, musitando algunas palabras incomprensibles, inició el trabajo de limpia.
Impregnó con el líquido del envase, la frente, las sienes y la nuca de Odilón, tapándolo con una toalla. Le roció por debajo de la sábana, hombros, pecho y espalda, estremeciéndose y tiritando por lo álgido de la pócima. Luego mojó con el mismo líquido unas ramas de varias hierbas y empezó a azotarlas contra el tórax de Odilón, sacudiéndolas después, como sacando algo de ellas, en el fondo de una cubeta que contenía otro líquido desconocido. En seguida vació el sobrante del recipiente en una botella, le agregó un perfume conocido como "siete machos", un poco de otro envase y de esta forma preparó un brebaje, agitándolo primero, lo llevó a su boca ingiriéndolo sin tragarlo hasta insuflar los carrillos, acercándose a un metro de distancia de Odilón y sopló directo hacia la cara. Volvió a llenarse la boca tres veces terminándose el contenido y las tres veces sopló rociando cabeza, espalda y pecho, produciéndole a Odilón un fuerte escalofrío y la suspensión momentánea de la respiración. Tomó con ambas manos su cabeza girándola alternadamente hacia la derecha y hacia la izquierda, pronunciando entre dientes, una letanía cuyas palabras no se entendían, quizá habladas en latín. Al término del rezo, el brujo dio por terminada la limpia. Le ordenó secarse con la toalla y vestirse y mientras Odilón obedecía, se enjuagó la boca y lavó sus manos y esperó a que terminara de arreglarse para dirigirle el resultado de su trabajo:
--Está usted limpio, los ángeles perversos que lo rodeaban se han ido… No se preocupe más, tendrá éxito y su suerte cambiará. Su esposa regresará con usted y le dará otro hijo. Tenga mucha fe y Dios lo premiará con creces… Eso es todo, está usted servido. –Aún confundido, Odilón observó al brujo que se sentó en su escritorio, abrió un cajón y de allí sacó una pieza que se la mostró con una sonrisa, ofreciéndosela:
--Mire este talismán, es lo mejor, poseyéndolo, para recuperar a la mujer amada, le ayudará en su propósito. Sólo le cuesta doscientos pesos, Este otro amuleto le conseguirá un excelente empleo y mucho éxito en el mismo, le cuesta quinientos pesos; pero ahora se lo lleva por la mitad y cuando se equilibre económica y sentimentalmente, lo esperaré para otra sesión que le ayudará a reafirmar su situación y en esa visita, me paga el resto.
--Perdóneme, estoy muy jodido… sólo tuve para pagar su consulta y la limpia porque mi resto es para pagar el hotel, cenar hoy y mi pasaje de regreso mañana muy temprano.
--¿Ni siquiera para este ojo de cuarzo que lo liberará de todo maleficio? Sólo por cien pesos será suyo. –Ante la negativa de Odilón, el brujo muy molesto le abrió la puerta de su consultorio y le señaló con la mano, la salida. Se asomó e indicó a su ayudante que pasara el siguiente cliente.
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Pensativo, aún con el pelo húmedo por las rociadas bucales, Odilón salió de la casa del brujo recordando las últimas palabras del augurio: Volvería con su esposa y tendrían otro hijo. Feliz se dirigió al hotel para pagar su cuarto, luego fue a cenar y antes de comprar su boleto del autobús para la salida matutina del pueblo, decidió dar un paseo por el centro de la población. Entró a la iglesia de
Casi al amanecer recobró el conocimiento, dándose cuenta de su situación y sin dinero, inició caminando, la marcha con rumbo a la siguiente población. Al llegar, no pidió ayuda ni apoyo económico para poder regresar, no, lo que hizo fue buscar trabajo y lo consiguió en una herrería, cuyo oficio lo sabía desempeñar muy bien. Por la comida no tuvo problemas ya que sus compañeros de trabajo al saber lo que le había sucedido le convidaron de los alimentos que como lonche, llevaban; para dormir, el patrón le permitió quedarse por las noches dentro del taller, durmiendo en un catre dentro de la bodega de materiales.
Cumplida una semana de trabajo, cobró su sueldo, pagó las pequeñas deudas a sus compañeros, se compró una muda de ropa, se puso a escribir una carta dirigida a su padre contándole lo sucedido y donde se encontraba, ya que ni en su casa ni en casa de su esposa tenían teléfono para comunicarles su situación. Al terminar de escribir se dirigió al centro de la población para depositar la carta en el buzón de correos y luego a buscar un cuarto en alguna casa de huéspedes ya que había decidido quedarse a vivir por un largo tiempo, pensando, primero para que la propuesta del divorcio, no estando él presente, no se llevara a cabo y quizá con el tiempo se le olvidara a su esposa y segundo, siendo del agrado del patrón del taller el trabajo y el rendimiento obtenido y su responsabilidad para ejecutarlo, le prometió mejorarle el sueldo y unas semanas más, por su experiencia en el trabajo lo nombraría el encargado del taller, lo que redituaría un buen sueldo que, ahorrando dinero privándose de muchos gastos personales le permitiría juntar una buena cantidad de dinero que lo utilizaría para volver a instalar su hogar y proponerle la tan ansiada reconciliación a la mujer que tanto amaba y extrañaba.
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Diez meses después del día de su despedida y con motivo de las vacaciones que le dieron por fin de año, período navideño, regresó a la ciudad, con la promesa de regresar en el mes de enero a seguir con su trabajo dependiendo de cómo le fuera en las relaciones con su esposa. Lo primero que hizo bajándose del autobús, fue buscar a Florencia y se llevó una gran sorpresa…El brujo había acertado: Su esposa acababa de dar a luz a un niño y le aseguraba que él era el progenitor. Odilón no le creyó, le hizo las cuentas de los días desde su partida considerando que era imposible que él fuera el padre, recriminándole el engaño y que estaba de acuerdo con que ella iniciara el trámite del divorcio. Al asegurarle ella que no lo engañaba y que el niño era suyo, Odilón dio marcha atrás, salió de la casa y se dirigió a ver a sus padres.
Al día siguiente, Florencia cargando al bebé y con sus dos hijos de la mano, llegó a casa de Odilón para buscarlo y rogarle que regresara a su lado. Odilón le exigió que confesara quien era el padre del niño como condición para regresar y ella a solas, dejando a los niños con su suegra, le confesó que tres días después de su partida en forma inexplicable, misteriosamente sintió que él en sueños la poseía en esa noche y en la siguiente también y de esas relaciones quedó embarazada. Odilón recordó la fecha de la reunión con el brujo y coincidía con la predicción de que su mujer le daría otro hijo… Cerró los ojos a su duda, creería en el hechizo vaticinado y en la palabra de su mujer. Su amor hacia ella era muy grande y pese a la distancia, en lugar de olvidarla, se había incrementado y si el niño fuera el medio para tenerla nuevamente, lo aceptaría.
Y lo aceptó. Le entregó la mayor parte de sus ahorros para que Florencia buscara casa y volviera su matrimonio a integrarse. El buscaría trabajo y todo sería como al principio. Al llegar con sus hijos a la casa de su esposa, ésta ya no lo dejó regresar a la casa de sus padres, lo retuvo con las promesas de que de esta manera al volver a estar juntos y la familia integrada, restablecerían su vida. De inmediato, para dormir le acomodó una colchoneta a los pies de su cama; a su lado compartiendo la cama, no; porque dormía con el bebé y además, por encontrarse en cuarentena no podían tener relaciones íntimas y que sólo volvería a ser suya hasta vivir juntos en su nuevo hogar; prueba de ello se la daba al decirle que cumpliendo su período de ley otorgado en su trabajo por el parto, ya no regresaría a trabajar, sería nuevamente su esposa y su trabajo estaría al lado de sus hijos.
El herrero muy enamorado consideró que la limpia le dio los resultados buscados. Consiguió trabajo, tenía otro hijo, vivía con su esposa, si bien no como cónyuge sino en celibato, muy pronto sería nuevamente suya y pensar en esto lo hacía sentirse feliz…Pero Florencia no pensaba así. Al principio buscó casa, luego ya no. De Odilón sólo le interesaba el dinero, su persona le era totalmente indiferente ya que mucho antes de que Odilón fuera a practicarse la limpia, lo engañaba manteniendo una relación con otro hombre que conoció en su trabajo. El amante, al saber de su embarazo la dejó, no quiso ningún compromiso que lo atara por la paternidad de lo que habían concebido y ahora, al estar nuevamente en funciones como mujer, la volvió a acosar tanto para reanudar sus relaciones sexuales como para extorsionarla mediante amenazas de divulgar sus amoríos y la paternidad del recién nacido.
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Esta situación de una doble vida de Florencia, luchar contra el individuo que la perjudicaba mediante la extorsión para que reanudara sus relaciones, lo cual fue el primordial punto para dejar de trabajar y de esta forma el tipo este no la siguiera acosando y la presencia de Odilón, que noche a noche insistía en que cumpliera como esposa, lo cual ella rechazaba, le produjo un estrés o una tensión nerviosa o no se sabe qué; pero se manifestó en el cuerpo de Florencia. Primero en los brazos, luego en el cuello, seguidamente en el pecho y vientre para finalmente en los muslos, llenándosele todo el cuerpo con de enormes pústulas que supuraban un olor hediondo. Desde la primera aparición se trató las pústulas con remedios caseros aplicados como fomentos con nulos resultados. Consultó al médico general que le recetó pomadas y lavados astringentes sin ningún alivio. El especialista en la piel le prescribió se aplicara pomadas a base de minerales no metálicos… y fomentos, raspas, cultivos y nada, no se veía algún alivio; al contrario, daba la apariencia de que a cada aplicación de medicamentos las asquerosas pústulas, brotaban, crecían y segregaban más pus pestilente.
Su manera de vestirse cambió. Los enormes granos los cubría con tela gasa y para su cuerpo se enfundaba una blusa que le cubría brazos y cuello y una falda larga hasta el tobillo o un pantalón, todo utilizando tela ligera porque el rozamiento con las pústulas le causaban dolor. Cada cuatro horas se tenía que cambiar las curaciones y la ropa ya que las segregaciones hediondas manchaban su vestuario, optando posteriormente cubrirse con una bata todo el tiempo e imposibilitada para salir de la casa, en una ocasión que recibió la visita de una amiga del trabajo, le confesó su enfermedad mostrándole únicamente sus brazos y ésta sin dudarlo, le recomendó que consultara a un brujo, ya que todas las medicinas recetadas por los doctores, no le habían dado resultado. Por la noche, en cuanto el esposo traspuso la puerta de la recámara, le pidió en forma muy zalamera:
--Odilón, ¿me podrías llevar con el curandero, el mismo que visitaste en Catemaco?
--¿Tú me pides eso? ¿Ya se te olvidó que te burlaste de mí cuando te propuse que fuéramos? Además, ¿De qué estás enferma o que te pasa, para que quieras ir con un brujo?
--Es que…ya no aguanto más, estoy espantosa… ¡Mírame! –Abriendo la bata mostrándole su cuerpo lacerado, al herrero le causó gran repulsión verla desnuda y en ese estado, enfriándosele los deseos sexuales tan reprimidos por su mujer. Volteando la cara para ocultar el asco producido le contestó:
--Tendrás que esperar, tengo mucho trabajo y no me darán permiso de faltar. Al ingeniero le urge mucho el trabajo que estoy haciendo… quizá en unas tres semanas, pueda llevarte. Además, no tengo dinero, todo te lo doy ¿Cuánto tienes ahorrado? Creo has de tener lo suficiente para sufragar todos los gastos del viaje. –Mintiendo, Florencia le contestó sin decirle la verdad, ya que parte del dinero recibido lo entregaba a su amante como pago por el silencio de su adulterio.
--No, no tengo nada; todo lo he gastado en curaciones…
--¿Entonces, cómo puedo llevarte? No tengo ni quinto. En el trabajo el ingeniero no da préstamos. Por experiencia sabe que en nuestro oficio, todos los herreros somos eventuales, que en cualquier momento nos vamos abandonando el trabajo sin avisar, dejando las obras tiradas y no le pagamos. No confía en nuestra constancia en el trabajo… Así que no hay de otra: espérate.
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Todo el problema de la enfermedad de Florencia, repercutía en el comportamiento de Odilón en su trabajo, a tal grado que el ingeniero se dio cuenta y lo recriminó:
--¿Qué te pasa Odilón? Te veo muy lento, el trabajo urge y estás distraído… ¿Acaso estás enfermo? –Demostrando mucha tristeza, el herrero contestó compungido:
--No patrón, no estoy enfermo. Es que tengo problemas con mi esposa. Está enferma de un mal muy raro que nadie lo cura y quizá debamos recurrir a un brujo. –Y el obrero le contó el tipo de padecimiento y tal vez la ida a Catemaco para que la curaran.
--A ver Odilón, acompáñame a la oficina, te voy a platicar algo que me sucedió hace muchos años y quizá de algo te sirva. –Se sentaron uno frente al otro, escritorio de por medio, sirvió el ingeniero dos vasos con refresco y empezó a contarle:
--Mi padre me platicaba de un tío suyo, medio hermano de mi abuelo, cuya edad era unos dos o tres años mayor que él, por lo cual relacionándose desde muy pequeños, se decían primos. Cuando lo conocí me impresionó su forma tan amable y cristiana de entablar comunicación con todas las personas. Era la primera vez que escuchaba decirle "hermano" a todas las personas y también supe que se dedicaba en compañía de su esposa a curar a quien se lo pidiera mediante todo tipo de limpias. Decía que ambos eran miembros de la religión Espiritualista, religión que nunca he entendido, pues mezclan lo suyo, su misticismo, con muchos rezos muy comunes del catolicismo.
Igualmente, cuando mi tío me presentó a su esposa, me impresionó su mirada muy profunda y sin previa presentación ni saludo, como si me hubiera conocido desde siempre, me recibió con una premonición: --¡Vas a casarte con una provinciana y te llevará a vivir con ella! - A mí, a mis escasos diecisiete años, que siempre pensé vivir en la ciudad que tanto amaba, me vaticinaba lo que nunca imaginé. Me miró fijamente y en sus pupilas se reflejaba un abismo que me asustó. Giré rápidamente mi cabeza eludiendo su mirada para voltear hacia mi tío, sin poder explicar el sentimiento que en ese momento me hacía temblar. Dándose cuenta de mi nerviosismo, mi tío me explicó para que con sus explicaciones me tranquilizara:
--Nosotros somos profesionales, sobrino. El poder que me ha dado el Gran Dios para curar por medio de mis manos y el poder vidente de tu tía con su facilidad para entrar en trance hipnótico que le permite ver el pasado, el presente y el futuro, con facultades de una médium, poderes que utilizamos para resolver los problemas de nuestros hermanos que acuden a nosotros y los sanamos por conducto de los seres espirituales que nos rodean y acuden a nuestro llamado, sin especular el patrimonio económico de los enfermitos.
--Nosotros curamos por medio de los cuatro elementos de la naturaleza, efectuando unas sanaciones que vulgarmente llaman "limpias" y con este término te las nombraré: Limpia de tierra, limpia de aire, limpia de fuego y limpia de agua; preferentemente realizada esta última en el mar. Ya tendrás ocasión de acompañarme cuando realice una sanación.
Y se llegó el tiempo en que recibí la invitación. La dirección, la fecha y hora del evento, escritos en un papel, me la entregó mi padre. Mi tío se comunicó con él para que me localizara y me diera el recado para acompañarlo a la ceremonia de la limpia. Lo recibí, previo regaño:
--¿Qué relaciones tienes con mi primo? ¿Cuándo lo viste? Hace mucho tiempo que no lo veo… ¿Cómo fue que lo encontraste? Debes saber que es brujo y se separó de la familia cuando se casó con una mujer que también es bruja. Su primera mujer se divorció de él por no comulgar con su religión. ¡No quiero que te inmiscuyas con ellos, no sea que te vayan a convertir a sus ritos satánicos o a su religión!
--No papá. Sólo me interesa la relación familiar. Él me platica de mis bisabuelos y tatarabuelos y otra generación anterior que él conoce y se acuerda bien. Sabes que siempre he querido realizar el árbol genealógico de la familia y tú no tienes los datos. ¡Sólo conoces de nombre a tu abuelo directo! –Con esta respuesta que en realidad tenía mucho de verdad, le contesté a mi padre, ocultando el fin principal: ¡Asistir a una limpia de fuego!
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--Sobrino toma este libro; mira esta representación, tú que tienes facilidad para el dibujo, por favor reprodúcelo pintándolo en el piso utilizando este gis. –En cuanto llegué a la casa de mi tío, nos trasladamos a una casa por la colonia Molino de Rosas y antes de saber como empezaba la ceremonia, me vi en el patio de una casa con un libro en la mano y un gis en la otra. Comencé a dibujar lo ordenado por mi tío y a escala pinte un círculo de tres metros de diámetro dividiéndolo en trece sectores iguales. Cada sector en su parte exterior, junto a la circunferencia, escribí un nombre esotérico de Dios; recordando en este momento sólo el primero: Adonai. Que en el idioma hebreo significa Mi Señor, nombre que utilizan los rabinos cuando leen sus textos bíblicos, sustituyendo por respeto, el nombre de Dios. Cuando terminé de dibujar le avisé, se acercó y me dio el visto bueno al croquis, diciéndome:
--Muy bien sobrino, ahora mantienes encendido este anafre, colocas el incienso cuando el carbón haya prendido bien y que no deje de ahumar. Voy a iniciar el trabajo. Me vas a ayudar sustituyendo a tu tía que se siente muy cansada porque ayer realizó un trabajo muy arduo y está agotada. Sólo nos acompañará con sus rezos. Recibí las órdenes en silencio y vi salir a dos matrimonios, supuse, uno de jóvenes y otro de mayor edad. En seguida mi tío me los presentó: Los mayores era los padres de la muchacha del matrimonio joven, la cual había solicitado sus servicios de sanación y luego de los saludos correspondientes les ordenó entrar a una pieza que estaba vacía, observando por la puerta que sobre una mesa estaban muchos cirios encendidos. Se encerraron y escuché la voz de mi tía rezando mucho en voz alta, sin haberla visto ni saludado en ese momento. Una hora después salieron al patio y yo seguía de guardián del anafre.
Colocó a las dos parejas en el centro del círculo que había dibujado, estando las cuatro personas cubiertas con unas sábanas blancas sin ropa interior, desnudas, tomándose de las manos por las espaldas del otro, viéndose frente a frente Enseguida mi tío tomó un ramo de pirú con otras yerbas que no conocí, las puso sobre la parrilla del anafre y caminando hacia las cuatro esquinas del patio, rezando en voz alta, haciendo estación en cada esquina, me explicó:
--Hay que limpiar primero el patio. Purificarlo y luego santificarlo para desalojar a los espíritus malignos y como lo representaste, en el círculo se invocan con todos los nombres de Dios en sus distintas advocaciones, para que nos mande a sus ángeles a combatir al perverso que se apoderado de las almas de estos hermanos, principalmente de la hermanita joven.
Volvió a tomar otro ramo de pirú, lo acercó al anafre y con el se dirigió a las cuatro personas y empezó a limpiarlas de la cabeza a los pies a cada uno rezando al mismo tiempo. El ramo crepitaba a cada sacudida que le daba cuando llegaba a los pies de la persona.
Mi tía, sentada a un lado del anafre, con los pies juntos y los brazos extendidos horizontalmente y haciendo con sus dedos la señal de la cruz, la cabeza inclinada y los ojos cerrados, profería una oración entre dientes, ininteligible…estremeciéndose a cada momento y exhalando un ligero quejido. Mi tío seguía con su limpia. Untó con aceite la frente, las sienes y la nuca, ungiendo a las parejas y sobre la sábana untó las trece aberturas corporales de la mujer y las diez del hombre. Más perfume, más hierbas, más rezos sin parar. Vertió fuera del círculo, rodeándolo como a un metro de distancia, un líquido que por su olor me pareció que era alcohol y me pidió que me acercara a ayudarlo. Cogió de la pieza una sábana muy grande, blanca, le roció un poco del líquido y con ella tapó a las dos parejas. Muy quedo me habló:
--Tomarás dos puntas de la sábana, sobrino. Yo tomaré las otras dos. Cuando te lo indique con la mirada, la elevamos y sacudimos violentamente hacia arriba, tres veces, sobre las cabezas de los hermanitos. No la vas a soltar, debes tomarla muy firme. –Enseguida tomó otro ramo y lo impregnó con lo que yo consideraba era alcohol y lo acercó al anafre y se incendió. Con el ramo prendido se dirigió hacia los cuerpos tapados de los hermanitos y sacudió con el ramo como una tea, los cuerpos de las parejas. Salió del área del dibujo del piso y encendió el líquido vertido alrededor del círculo y se elevó un redondel de fuego. Dejó la tea y se acercó hacia mí tomando las dos puntas de la sábana y yo hice lo mismo. Rezó con voz estentórea y me miró con una señal significativa, gritando al momento: ¡SANTO! ¡SANTO! ¡SANTO! ¡Santo es el Señor Dios de los ejércitos, acudid a mí en ayuda!…-Y en cada exclamación de Santo, levantábamos la sábana…el fuego subía por las túnicas de los matrimonios desde los pies, recorriendo sus cuerpos y elevándose por encima de sus cabezas brincando a la sábana que portábamos nosotros y al levantarla, aventábamos dos o tres metros arriba, cada una de las cuatro flamas de las personas uniéndose en una sola centella produciendo una explosión ensordecedora. Mi piel, chinita. Mi pelo erizado. Un frío de pánico recorría mi cuerpo y escuchaba la voz de mi tío calmándome: -- Tranquilo hermano, tranquilo… no sueltes el manto protector… -Mi tía en cada explosión gritaba; pero con un grito gutural, extraño, profiriendo oraciones en un dialecto no sé si era en latín u otra lengua esotérica… Mi tío continuó hasta repetir cuatro veces el trabajo, uno por cada persona, y ni un solo momento dejó de expresar en voz alta todos los rezos cristianos jamás por mí escuchados. Al terminar, el fuego perimetral se extinguió, retiró la sábana nuestra y nos dijo que la limpia estaba terminada. Muy cansado, se fue a sentar a un lado de mi tía y les dijo a las parejas:
--Báñense y luego se recuestan a descansar un poco. –Al cruzar la puerta del patio por donde habían entrado, se dirigió a mí tomándome de la mano:
--Gracias sobrino por tu ayuda… El próximo domingo les voy a efectuar la limpia de agua en el puerto de Veracruz, te invito, todos los gastos son pagados. –Todavía muy impresionado, le dije:
--¡No tío, muchas gracias! Y me voy tío, no pensé que la ceremonia se tardaría tanto tiempo. –Rápido me despedí de mis tíos y de nadie más…y salí corriendo, con los vellos de los brazos, las pestañas y cejas, quemados y muy espantado de lo que viví. Tiempo después, analizando los hechos, supe que había asistido a un exorcismo.
No me enteré cuales fueron las causas y los resultados de la limpia, pues no volví a ver a mis parientes hasta mucho tiempo después; pero en lo que me profetizó mi tía, resultó verídico. Lo que sí te aseguro, es que son profesionales, no charlatanes… Quizá en lugar de viajar a Catemaco, te convenga llevar a tu esposa cualquier fin de semana a consultarlos. Con mi recomendación no te cobraran nada; sólo lo que tú quieras darles…tú decides…Mientras, a darle duro a la chamba, hoy sales hasta las ocho para reponer el tiempo que nos llevó esta plática.
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--¡Pero hija, mira nada más cómo vienes!... ¡Estás poseída por un espíritu maligno!... Vamos a tener que trabajar mucho contigo…-La médium, reflejándose en su cara una gran angustia, se dirigió a Florencia, mientras que el brujo profesional analizando el estado psíquico de Odilón al tomarle la mano, le decía:
--Hermano, recurriste a los servicios de un incompetente. Vienes protegido muy levemente, no te hicieron un trabajo completo y correcto; pero estás limpio, no tienes influencias nocivas. De inmediato vamos a trabajar todos juntos; pasen por aquí, por favor. –Invitándolos con una señal de su mano a entrar a una pequeña pieza cuyo ambiente estaba impregnado con un olor fuerte de incienso, una veladora encendida frente a la imagen de Jesús en su invocación del Sagrado Corazón y consistiendo el mobiliario en una mesa y cuatro sillas, una repisa donde estaban colocados muchos libros acomodados en perfecto orden con títulos raros y predominando uno:
Tomaron y encendieron de la veladora un cirio pascual, cirio que representa a Dios hijo, bendecido un domingo de resurrección. Colocaron los cuatro sus manos asiendo el cirio alternadamente, primero la mano izquierda de cada uno y luego la derecha, empezando los rezos bajo la conducción del brujo invocando a los ángeles que combatirían al ser perverso que poseía al cuerpo de la mujer e impedir que el mal continuara desarrollándose. Ungieron con óleo sagrado las cabezas de ambos para estar listos a recibir la presencia del ángel protector, le indicaron a la mujer que se desnudara tapando su cuerpo con una sábana que le proporcionaron, para lavarle con agua bendita las llagas y con un género de tela de algodón impregnado con un linimento, las cubrieron, sin dejar de expresar los rezos que acostumbraban decir en esta ceremonia. Al término de esta sesión, al ordenar que Florencia descansara acostándose en el suelo sobre un tapete y cubriéndola con la misma sábana, para que le hiciera mejor efecto su curación, a la mujer ya no le dolían las repulsivas pústulas.
Programaron para el siguiente domingo la limpia por medio de la tierra; el subsiguiente domingo la limpia por el aire; ambas limpias se realizaron en la casa de los curanderos. La tercera limpia por el fuego se realizó en el patio de la casa de Florencia acompañando a la pareja, su hermana y su esposo para completar el rito. Esta limpia fue tan impresionante como la que presenció el patrón de Odilón, el ingeniero pariente de los brujos.
Al efectuar la última limpia por medio del agua, la mujer estaba muy mejorada, le quedaban sólo granos, manchas y cicatrices de lo que fueron las pústulas y algunas fístulas que se le abrieron por encontrarse la piel muy dañada, aún supurando. Para esta limpia, Odilón no los llevó al mar, tanto por falta de tiempo en su trabajo como por falta de recursos económicos, sin entender que le hacía Florencia al dinero más que suficiente, que le entregaba semanalmente; por lo que la ceremonia se llevó a cabo en una fosa que formaba un meandro del río que corre por el lindero poniente de su pueblo nativo, Acuexcomac, río cuyas aguas son vertidas en lo que queda del Lago de Texcoco. La fosa, ubicada en un lugar que sólo conocían los lugareños, les daba la privacidad necesaria para la celebración del rito.
Desnudos, cubiertos con las sábanas blancas de costumbre que obligatoriamente llevaba la pareja, les indicó el brujo que entraran al río y se hincaran hasta donde el agua les cubriera la cintura. Luego tomó una jarra y la llenó con agua, procediendo a bendecirla formando la señal de la cruz con sus dedos y santificándola con sus rezos. La vació sobre la cabeza de ambos y se colocó frente a ellos, abriendo sus brazos con las palmas de sus manos hacia abajo, sobre la cabeza de la pareja, sin tocarlos, formando con su cuerpo una cruz bajo cuyo amparo se encontraba el matrimonio y empezó la limpia con la siguiente súplica:
--“¡OH, los que creéis! Cuando estén dispuestos a haced la plegaria confesional, primero lavad vuestra cara y vuestras manos hasta el codo. Pasad las manos por la cabeza, por el cuerpo, por las piernas hasta el tobillo y antes de la inmersión total purificadora, confesad todas sus culpas, todos sus pecados… Si su cuerpo será purificado por el agua bendita y sus males conducidos fuera de él; su espíritu, su alma, su mente, deberán estar también limpios de pecado”.
Tocó con sus manos las sienes de la mujer, dándole un ligero impulso para que se inclinara, e imperante, pero con voz convincente y de mando, le habló:
--¡Confiesa tu infidelidad mujer, vuelve a ser pura!... -Florencia, asombrada y espantada con la revelación que escuchó, trató de levantar la cara para ver al brujo, suplicante…pero se lo impidió, con algo de presión le volvió a inclinar la frente y repitió:
--¡Confiesa tu pecado! –Y Florencia, balbuceando, titubeante, empezó a decir:
--Confieso que he pecado de adulterio… Confieso que he mentido. Confieso que mi hijo no es de mi esposo, que mi maldad y desamor hacia él ha sido provocada por otro hombre. Confieso que el dinero que me da, por extorsión se lo entrego a ese hombre. Confieso que… -Y las lágrimas y los sollozos de arrepentimiento, no le permitieron continuar…-Luego el brujo colocó sus manos de la misma manera sobre las sienes de Odilón y le habló:
--¡Confiesa tus pecados! Y jura que serás justo con tu esposa y serás padre amoroso con tus hijos… Tú no has tenido mala suerte, ha sido la influencia de los espíritus nocivos que han permanecido junto a ti, que motivaron los hechos que han afectado tu vida. ¡Jura que serás limpio de pecado y esposo fiel!
--Confieso mis pecados…Y juro…-Rodándole las lágrimas por las mejillas, Odilón declaró sus culpas; pero con la mente ensombrecida por la revelación de Florencia.
--El brujo juntó sus dedos índice, meñique y pulgar, para infundir un estado de ánimo místico, levantando así sus manos y la cara hacia el cielo, implorando recibir el poder de
--¡DIOS PADRE, purifícalos…! ¡DIOS HIJO, límpialos…! ¡DIOS ESPÍRITU SANTO, sánalos…! –La médium, ahora colocada en medio y a las espaldas de la pareja, a cada invocación y tomando sus cabezas, introducía en el agua los cuerpos del matrimonio en una inmersión total. Tres veces los sumergió y las tres veces al salir, impregnaba su dedo pulgar con un óleo sagrado embarrándoselo en las nucas formando la señal de la cruz. Terminada la plegaria del brujo, éste les pidió que al unísono rezaran un padre nuestro y finalizando la oración, les ordenó que salieran del río: la limpia por agua había terminado.
Mientras la médium les entregaba a cada uno, una toalla y el lío con su ropa; Odilón sin comprender su estado de ánimo, confundido, trastocado por la confesión de su mujer que impactó a su dignidad, a sus sentimientos, a su amor por ella, en silencio se vistió…Florencia dio unos pasos, tomó la toalla y al empezar a secar su cuerpo, se revisó… y cayó de rodillas: No existía ningún rastro de sus pústulas supurantes y hediondas… ni manchas ni cicatrices, su piel limpia, tersa y rosada donde anteriormente existían sus llagas. Llorando, hincada, sin levantarse, se acercó al brujo y tomándole sus manos, las besó muchas veces y le dio las gracias, también muchas veces.
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Odilón reconoció al niño como suyo, lo registró y bautizó con su apellido dándole el mismo trato que a los hijos suyos, sin distinción alguna; pero en cuanto a su esposa, la relación se enfrió completamente: jamás la volvió a tocar, como si todavía tuviera el cuerpo lleno de las pestilentes pústulas que tanto asco le causaron. Al verla desnuda en la cama, ofreciéndose Florencia, le causaba repulsión. No obstante, le perdonó su infidelidad como también la hubiera perdonado si Florencia le hubiera hablado claro sobre su embarazo desde un principio cuando regresó de Veracruz. El sentirse engañado y él haberlo aceptado con un pretexto tan inocente, sintió que lo había considerado como un idiota, un hombre sin voluntad ni carácter, y eso le afectó muchísimo, tanto, que ya no regresó a dormir en la apelmazada colchoneta que le servía de cama ni a compartir el lecho que Florencia le brindaba.
Ella trató usando todos sus encantos de atraerlo, comprendiendo el gran error que había cometido al tratar tan mal a su esposo, reconociendo su calidad de buen hombre, fiel y responsable en su hogar; pero él la rechazó. Amargado y triste, Odilón se fue a vivir a la casa de sus padres, prometiéndole que ahora por su cuenta corría el buscar casa y cuando la tuviera lista, bien amueblada, como cuando se casaron, iría por ella para volver a integrar la familia.
Progresó mucho en el trabajo, ahora desempeñaba el puesto de jefe del taller y cuando su patrón, el ingeniero, consiguió un excelente contrato fuera de la ciudad, le propuso el puesto de superintendente encargado de la obra con un sueldo y viáticos excelentes. Odilón aceptó, pensando que el salir fuera del medio en que vivía, en otros aires, tratando con personas que desconocían su amarga experiencia, tal vez le cambiara el carácter taciturno y dolorido que mostraba. Y se fue…
Florencia se dedicó al cuidado de sus hijos y administrando muy bien el dinero que semanariamente le remitía su muy responsable esposo, efectivo suficiente para los gastos de los niños, el hogar y sus necesidades. Ahuyentó de su mente la idea de cometer otro pecado por el amor y respeto que ahora sentía por su esposo y por el temor de volverse a enfermar. La experiencia anterior le sirvió de escarmiento y sin el chantaje que le había impuesto su amante al alejarlo de su vida, esperaba fielmente el regreso de Odilón. Compartirían el lecho demostrándole sus deseos de amarlo, de ser suya para siempre e iniciar una nueva vida.
Pero Odilón, después de mucho tiempo de trabajar fuera de la capital, sin regresar, fuera de su familia, sin hablar con su esposa ni tener trato con sus padres, un día… como es costumbre entre los obreros de este oficio, abandonó el taller, dejó tirado el trabajo que el ingeniero le confió, y no se supo jamás, nada de él…
Agosto de 1998
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